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«Prohibido leer novelas; produce melancolía. Prohibido empolvarse; estropea el cutis. Prohibido ponerse corsé; estropea el talle. Prohibido pararse sola frente a los escaparates de las tiendas… Prohibido conocer a las familias de las compañeras de clase, especialmente a los padres que van a buscar a sus hijas a la salida…» De esta manera, resume Gilberte los principios fundamentales de su educación. Gigi es criada en el ámbito de una singular familia, integrada por una madre, actriz de variedades, una abuela que adopta su apellido de un amante español, y una tía que vive de pasadas glorias y le enseña a comer langosta o a distinguir un diamante junquillo; todo para transformarla en la distinguida «cocotte» de un adinerado azucarero y asegurar así su futuro. Pero la ingenua jovencita siente repugnancia por «esas odiosas aventuras, que terminan con separaciones, disputas, Sandomir, revólveres y láudano…». Cerca del final de su vida, manteniendo su estilo fresco e irreverente, Colette ofrece una excepcional visión del París «fin de siècle», una ciudad obnubilada por los adelantos técnicos: el teléfono, el automóvil, donde celebridades como Cléo de Mérode o Carolina Otero eran habituales en los restaurantes de moda -el Durand o el Pré-Catelan- y en los figurines chic, y cuya vida de escándalos era recogida por el Gil Blas, entre otra prensa del corazón. Sin eufemismos, Colette retrata la condición femenina que se mueve entre la estrechez económica y la ligereza moral. Para componer el delicioso personaje de Gigi, recurre a elementos de su propia biografía; también la autora, casada muy joven, sabrá que el descubrimiento de su destino como mujer supone «el fin de mi carácter de muchacha, intransigente, bonito, absurdo», como confesó en Lo puro y lo impuro. Publicada originariamente en 1945, la nueva traducción de José María Solé salvaguarda la frescura del texto original y rescata las menciones que fueron “pudorosamente” omitidas en versiones anteriores. NOTICIAS Gigi, de Colette, por Miguel Ángel Muñoz "Gigi" nos trae ese aroma de lo ido, de una época llena de miserias y humillaciones que ahora, al cabo de un siglo, nos parecen llenas de gracia y savoir faire. El síndrome Chéjov, 25/06/2008 Contra el imperio de la ñoñería, por Rogelio Garrido Gigi es un manifiesto, en el mejor sentido, contra la hipocresía social. Días, por otra parte no tan lejanos, en los que la mujer era un simple ornamento del esposo. Un juguete. O sea, nada. [...] Faro de Vigo, 24/05/2008 Gigi regresa. La frescura de la eterna Colette, por Rosa Belmonte La novela breve de Colette, adaptada al teatro y al cine, se edita en una nueva traducción. La autora envejeció mal, pero no su literatura, que hoy sigue tersa. [...] ABC, 26/04/2008 Gigi, de Colette, vuelve a ser editada en español, por Diana Vázquez Publicada originalmente en 1945, esta nueva traducción de José María Solé salvaguarda la frescura e irreverencia del texto original y rescata las menciones que fueron omitidas en versiones anteriores. [...] elmundo.es, 21/04/2008 |