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Ensayo sobre el ensayo, por Francisco R. Pastoriza
Faro de Vigo, 01/11/2008

En ocasiones, una publicación rescata del olvido o del desconocimiento a un autor que inexplicablemente había pasado desapercibido para el mundo de la cultura. Es el caso del chileno Martín Cerda, director del suplemento cultural del diario La República, agitador cultural, introductor en Chile del estructuralismo, el existencialismo y las nuevas corrientes marxistas, exiliado en Venezuela tras el golpe de estado de Pinochet, autor de cientos de artículos y reseñas literarias, aunque de únicamente dos libros, que publicó a una edad ya avanzada. Otros tres que preparaba sucumbieron en un incendio, y fue posiblemente esta pérdida la que le provocó poco después, en 1991, a los 60 años, un infarto al que no sobrevivió.

 

Uno de estos libros es La palabra quebrada, un ensayo lúcido en el que recorre las principales corrientes de un género que nace con la filosofía de Sócrates y Aristóteles pero que no llega a consolidarse hasta que Montaigne le proporciona categoría literaria. Cerda asegura que el ensayo es un gesto disidente (P. 35), atado al objeto que ocasiona (libro, obra de arte, forma de vida), en el que donde los demás descubren valores, verdades, ideales y certezas, el ensayista sólo encuentra problemas, incertidumbres y despistes (P.39). Cerda viene a decir que el ensayo es un juicio, pero lo esencial en él, lo que decide su valor, no es la sentencia sino el proceso mismo de juzgar. En La palabra quebrada se analiza el papel del autor a partir del advenimiento de la sociedad burguesa, un autor liberado ya de la tutela que ejercían, a través del mecenazgo, la corte, la Iglesia y la nobleza, pero prisionero de otros parámetros que lo conducen, a través de la conquista del mercado, al éxito mercantil, la fama y la influencia (poder) social.

 

Martín Cerda recoge y reflexiona acerca de las ideas de aquellos a quienes considera los mejores ensayistas de su siglo: Ortega y Gasset, Roland Barthes, Walter Benjamin, Lukács, y añade un análisis interesante sobre las memorias (como las de Víctor Serge), los diarios (Kafka, Jünger, Moen) y la correspondencia (Flaubert) como modalidades de ensayo. El libro termina con una referencia a los escritores víctimas de los totalitarismos del siglo XX.