|
|
Ensayo sobre el ensayo, por Francisco R. Pastoriza En ocasiones, una publicación
rescata del olvido o del desconocimiento a un autor que inexplicablemente había
pasado desapercibido para el mundo de la cultura. Es el caso del chileno Martín
Cerda, director del suplemento cultural del diario
Uno de estos libros es La palabra quebrada, un ensayo lúcido en
el que recorre las principales corrientes de un género que nace con la
filosofía de Sócrates y Aristóteles pero que no llega a consolidarse hasta que
Montaigne le proporciona categoría literaria. Cerda asegura que el ensayo es un
gesto disidente (P. 35), atado al objeto que ocasiona (libro, obra de arte,
forma de vida), en el que donde los demás descubren valores, verdades, ideales
y certezas, el ensayista sólo encuentra problemas, incertidumbres y despistes
(P.39). Cerda viene a decir que el ensayo es un juicio, pero lo esencial en él,
lo que decide su valor, no es la sentencia sino el proceso mismo de juzgar. En La palabra quebrada se analiza el papel
del autor a partir del advenimiento de la sociedad burguesa, un autor liberado
ya de la tutela que ejercían, a través del mecenazgo, la corte,
Martín Cerda recoge y reflexiona acerca de las ideas de aquellos a quienes considera los mejores ensayistas de su siglo: Ortega y Gasset, Roland Barthes, Walter Benjamin, Lukács, y añade un análisis interesante sobre las memorias (como las de Víctor Serge), los diarios (Kafka, Jünger, Moen) y la correspondencia (Flaubert) como modalidades de ensayo. El libro termina con una referencia a los escritores víctimas de los totalitarismos del siglo XX. |
||