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Carlos Cortés retrata la cara menos turística de Costa Rica. Entrevista, por Pilar Ortega Bargueño
El Mundo, 27/06/2008

¿Quién dijo que Costa Rica es un paraíso? Los operadores y los folletos turísticos dan fe de las maravillas naturales que, efectivamente, encierra el país, pero el escritor Carlos Cortés, autor de la novela Cruz de olvido (Veintisiete Letras), se sirve de la literatura para echar por tierra todos los mitos y estereotipos nacionales del lugar donde nació hace 46 años. Y lo hace con el retrato de una generación comprometida con las utopías a través de una historia personal salpicada de violencia, corrupción y mafias. «Un paraíso no ofrece, salvo que te expulsen de él, la posibilidad de crear literatura», dice.

«En Costa Rica no pasa nada desde el Big Bang». Así arranca esta novela en la que Carlos Cortés ha empleado 10 años para articular la historia de Martín Amador, quien, tras participar en la revolución sandinista, regresa a Costa Rica para aclarar el asesinato de su hijo, junto a otros seis jóvenes, en la Cruz de la Alajuelita. Durante la investigación, el protagonista descubre la realidad oculta del poder.

Cruz de olvido tiene algo de novela negra, pero también bebe en gran medida del reportaje periodístico, posiblemente porque Carlos Cortés ejerció el periodismo durante 25 años desde las páginas del diario La Nación: «Posiblemente, no hubiese podido escribir este libro sin ser periodista, pero he llegado a la novela negra a través de mi experiencia vital, porque yo veo el mundo como si fuera una novela negra. Además, este género es un excelente vehículo de exploración de la realidad, que tiene algo de clandestino y obliga a mantener una desconfianza en el sistema».

Infierno y paraíso

Cruz de olvido, que obtuvo el Premio Nacional de Narrativa de Costa Rica y fue escogido como uno de los libros del año en Iberoamérica, toma el título de una canción de Chavela Vargas cuya letra alude a la premura del presente, que hace perder de vista las cosas esenciales de la vida.

Carlos Cortés considera que la literatura por esencia se nutre de las rupturas y las contradicciones: «Sólo se concibe la literatura a partir del conflicto y, quizá por eso, la literatura costarricense no tenía un mundo propio. Ahora hay una crisis de la idea de comunidad nacional en Costa Rica y, entre todos los desacomodos, se ha colado la literatura». También admite que Cruz de olvido no ha sido muy bien recibida en su país, precisamente por el retrato desencantado que hace de los bajos fondos costarricenses, con trasiego de armas, narcotráfico, matanzas, crímenes y corrupción.

«Tan real es la Costa Rica de los folletos turísticos como la Costa Rica de mi novela. La mía es una novela urbana y, desde luego, nadie puede dudar de que San José es el infierno. El turismo va a otros sitios del país», considera este escritor que intuye que la literatura, especialmente la hispanoamericana, «tiene un deber fundamental de memoria. La literatura no puede cambiar el mundo por sí sola, pero sí cumple una función ideológica. La historia latinoamericana se basa en el olvido».