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La muerte como espacio literario, por Cristina Monteoliva
Periferia-Libros, La Opinión de Granada, 15/03/2008

Es probable que el ser humano sea el único ser vivo de la naturaleza consciente de que un día nació y un día tendrá que morir. Este conocimiento certero es una carga para unos, un alivio para otros. Sin embargo, deseada o no, la muerte es un tema que ha despertado siempre la curiosidad en casi todas las culturas. Siempre con el tema de la muerte y la vida entremezclándose, dentro de un enfoque sin duda original, presentamos hoy Sexto Sueño, de la escritora portorriqueña Marta Aponte Alsina.

Violeta Cruz es una forense jubilada que añora su trabajo.

Sin saber muy bien porqué, Violeta siente la necesidad de reconstruir, en forma de novela, la vida de uno de los cadáveres que diseccionó cuando aún trabajaba.

El difunto en cuestión es Nathan Leopold, un asesino que, después de treinta años en prisión, acabaría sus días como hombre respetable en Puerto Rico. Se trata, no obstante, de un mundo de apariencias que Violeta no dudará en desvelar.

Marta Aponte Alsina se merece, entre otras muchas cosas, un aplauso por la capacidad camaleónica de cambiar de registro a la hora de narrar esta historia. Existe en esta novela una narradora que todo lo sabe o, al menos, eso nos hace creer: Violeta Cruz. La doctora de los muertos retirada no tiene reparos a la hora de narrarnos tanto su vida como la del resto de los personajes, con un dominio exquisito del lenguaje, con una prosa que a veces parece que quisiera convertirse en poesía.

Como un ser falto de cariño, Violeta reclama nuestra atención haciéndose notar en los momentos menos esperados (“Eres terrible, Violeta”, suele decirse a sí misma). En definitiva, Violeta narra el pasado y el presente, es protagonista y testigo, mezcla lo que fue con lo que pudo ser, es una mujer solitaria que nos regala más de un monólogo interior o el contenido de sus sueños.

Y, de pronto, casi al final de la obra, aparece un narrador superior, por encima de todo y de todos, que recuerda que Violeta no tiene la última palabra, que la pobre doctora es un títere más en esta función.

La Violeta personaje reconoce  que tan sólo un rasgo contrasta dentro de su carácter: le gusta componer boleros. Violeta se mueve con indiferencia en el mundo de los vivos, sus congéneres no despiertan en ella demasiado interés más allá del sexual. Pero ella no es totalmente insensible, no al menos cuando se trata de un cadáver. Violeta no se pregunta qué hay después de la vida, como harían otros, sólo qué camino han recorrido esos difuntos hasta llegar a sus manos de anatomista: autopsia la vida de sus muertos, tal y como autopsia sus cuerpos inertes en su mesa de hospital.

Nathan Leopold, el hombre al que la Violeta escritora quiere mostrar como protagonista de su novela, es un ser de naturaleza compleja. Nathan es un tipo deforme, de una fealdad innegable, aunque con una inteligencia privilegiada. Es ésta una inteligencia oscura, que le hace cometer más de una atrocidad, como el asesinato a sangre fría de un vecino cuando era joven. Y, sin embargo, Nathan también conoce la ternura, el amor.

Entre los secundarios de esta historia destacan Sammy Davis Junior, el artista incombustible que se siente viejo prematuramente; Carmen, la joven de ojos verdes, debilidad de Nathan; e Irenaki, una momia de la que bien podría decirse que tuvo más vida de muerto que de vivo.

Marta Aponte Alsina sitúa la historia en el Puerto Rico de los años 60 del pasado siglo, un país de ensueño, donde los olores y los colores no dejan indiferentes, donde el despertar de la sensualidad es inevitable, un lugar en el que los sentimientos más profundos están a flor de piel. El desasosiego que manifiestan la mayoría de los artistas de esta obra contrasta con el sentido del humor con el que nos sorprenden a veces, o con el que la narradora adereza la historia. Y a pesar de tanta desazón, de tanto sueño sin cumplir, es imposible renunciar a la esperanza.

Pero, ¿qué es el ‘Sexto Sueño’, al fin y al cabo?, se preguntará más de uno después de leer esto. ¿Un lugar? ¿Un término médico más? ¿Un estado de ánimo, tal vez? Pues bien, para averiguar, para saciar la curiosidad, nada tan fácil como sumergirse en las páginas de esta profunda y apasionante novela.