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‘Sexto sueño’ o la vida en una mesa de autopsias, por Antonio J. Morato La puertorriqueña Marta Aponte diluye la línea entre la vida y la muerte. Huimos de la muerte sin tener en cuenta que está llena de vida. En esta novela de vivos que están ya muertos y de muertos llenos de vida, se nos recuerdan a la cara muchos de nuestros tabúes. El comentario. Símbolo, sueño y sugerencia Esta novela demuestra que hay muchas maneras de escribir novelas hoy en día fuera de los cauces que transitan la mayoría de las novedades de las librerías. Frente al ‘aggiornamiento’ de la novela decimonónica, realizado desde una cultura más dada a la imagen que a la palabra y, por tanto, con menor capacidad de recrear un mundo mediante el lenguaje, el modo de narrar de Aponte utiliza más el símbolo y la sugerencia, la acumulación más que la claridad y por eso esta novela puede resultar apabullante y exigente por momentos. No se trata, desde luego, de una escritura complaciente, ni cómoda, que permita al lector una actitud relajada y expectante, sino que la proliferación de imágenes cargadas de simbolismo –pienso por ejemplo en la representación que se hace de Sammy Davis Jr., al que se presenta como un cadáver andante, un Frankestein que excita el interés del sádico Nathan Leopold– que van trasladando al lector a un mundo nuevo, el sexto sueño del título, que está construido con los restos, con todo aquello que cae dentro del ámbito de la muerte, de la corrupción, de lo inerte. Lo más sorprendente es que esa traslación se realiza utilizando, en todo momento, las referencias históricas y artísticas de que se ha nutrido dicha construcción. La novela se explica a sí misma. Onírica, intensa, cargada de una voluptuosidad lingüística que la convierte casi en un paradigma de ese español futuro donde todas las variedades locales tienen cabida, esta novela supone un alucinado periplo al lado oculto de la muerte: el de la vida. La autora Desconocida su producción en España hasta la publicación de esta novela, Marta Ponte Alsina es una de las voces más interesantes de la extraña literatura puertorriqueña. Autora de tres novelas y dos libros de cuentos antes de redactar este libro, profesora de escritura creativa y docente universitaria, sorprende la pureza y exactitud de su lenguaje, alejado de los tópicos mestizos que parecen preludiar su nacionalidad. Su escritura se nos presenta desatada, como un bolero, pero tensada estilísticamente al máximo. En síntesis La anatomista y compositora de boleros Violeta Cruz se dispone a diseccionar el cadáver de Nathan Leopold, niño prodigio y embalsamador de pájaros, autor del que, en su momento, se denominó crimen del siglo y que pasó 30 años en la cárcel antes de exiliarse en Puerto Rico. Una leprosa, una momia y Sammy Davis Jr. pasan por la vida de Leopold, y por la novela que nos cuenta la anatomista a medida que va realizando la autopsia del protagonista. La cita «Fornicar con aquel hombre me dejaba muerta y de la muerte chica deriva un estado de apasionada lucidez»
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